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Hall & Oates fue un dúo estadounidense de soul formado en Filadelfia en 1970, por Daryl Hall (cantante) y John Oates (guitarra eléctrica y coros). Se estima que el dúo vendió 80 millones de grabaciones a lo largo de su carrera, convirtiéndose en el dúo musical con más ventas de todos los tiempos. Llegaron al número 1 en el Billboard Hot 100 un total de seis veces junto con muchas otras canciones que entraron en el Top 40 de dicha lista. Tienen siete álbumes certificados platino y seis álbumes certificados oro por la RIAA. Este éxito no se reflejó en el Reino Unido, donde nunca llegaron a tener una canción o álbum en el número uno, solo entraron en el Top 10 de la UK Singles Chart un total de dos veces junto con seis sencillos alcanzando el Top 40 de la misma lista y solo dos de sus álbumes entraron en el Top 10 de la UK Albums Chart.
La revista Billboard los nombró en la posición diecisiete en su lista de los "100 más grandes artistas de todos los tiempos". Fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll en abril de 2014. El 2 de septiembre de 2016 recibieron una estrella en el Paseo de la fama de Hollywood.
‘Back To Black’: Amy Winehouse, siempre de vuelta al negro
La dirección de Sam Taylor–Johnson es correcta en este ‘biopic’, pero es imposible desentenderte de aquella mujer tan dolorida, ciclotímica, intensa, sensual, deslenguada y magnética cuando aparece la excelente actriz Marisa Abela
El cine siempre ha realizado biografías a gusto del consumidor sobre músicos y cantantes grandiosos que hicieron felices a públicos masivos con su incontestable arte y una personalidad con capacidad para enamorar hasta a las piedras. Pero en los últimos años los ordenadores o la cuenta de resultados de las productoras deben de haber descubierto que el negocio es muy rentable, que existe un público notable dispuesto a ver la reconstrucción que hace el cine de las vidas de esos personajes mitológicos. Tanto da si ya la han palmado o si continúan en este mundo y aún activos, a pesar de la vejez, en su deslumbrante trabajo.
El abusivo género del biopic está encantado cuando los gloriosos aunque también atormentados protagonistas, después de haber estado muy puestos durante largo tiempo, detienen su autodestrucción, hacen repaso de conciencia, encuentran un poderoso motivo para redimirse, dejan de sentirse solos y vuelven a dar algún concierto glorioso y a grabar discos excepcionales. Johnny Cash abandonó las anfetas; Elton John, la cocaína; Ray Charles, el caballo; a Freddie Mercury se lo llevó el sida, pero ya estaba limpio de drogas. Y por supuesto, no podía haber final feliz en el conmovedor, trágico y magistral retrato que hizo Clint Eastwood en Birdde aquel dios que tocaba el saxo llamado Charlie Parker. Eastwood no siguió ningún patrón de éxito para hablar de aquel tipo genial y yonqui. Esa película es grandiosa, como lo es Amadeus, en la que Milos Forman recreó a Mozart, pero la mayoría de los infinitos biopics sobre personajes legendarios de la música (los hay mejores y peores) resultan fácilmente olvidables.
Marisa Abela y Jack O'Connell, en 'Back To Black'.
La cantante y compositora Amy Winehouse no dispuso de mucho tiempo en la tierra para crear una obra imperdurable, pero en sus 27 años de vida (edad que también fue fatídica para otros músicos excepcionales como Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Janis Joplin, Brian Jones, Robert Johnson, Jim Morrison) demostró con tan solo un par de discos poseer un talento, una voz, un swing, un estilo y un sentimiento fuera de lo común. Amaba el jazz y el blues y sus canciones estaban impregnadas de esos sonidos. Cuentan los privilegiados que la vieron en conciertos que en el escenario parecía muy rota y en estados muy alterados hasta que pillaba el micrófono y empezaba a cantar. No tuve el privilegio de verla actuar en directo.
Pero no te cansas de escuchar su disco Back To Black. La película se titula así. Es visible y también alcanza un punto de fascinación cuando la dama se pone a cantar. La dirección de Sam Taylor-Johnson es correcta. Sin más. Pero es imposible desentenderte de aquella mujer tan dolorida, ciclotímica, intensa, sensual, deslenguada y magnética cuando aparece la excelente actriz Marisa Abela (desconocida hasta ahora para mí) otorgando vida, pasión y desamparo a Amy Winehouse. También un estado frecuente y progresivo de alcoholismo, a veces feliz pero cada vez más desgraciado, combinado o alternado con otras drogas, incluida la heroína, al que la aficiona su macarra e impresentable novio, con el que mantiene una extenuante relación de amor (¿o de sadomasoquismo?), y el torturante acoso de periodistas y paparazisa la vida de la escandalosa diva. Marisa Abela hace creíble, desgarrada, tierna y compleja a Amy Winehouse.
La entiendes, la admiras y la compadeces. Tiene imán. Al que no soporto es al insustancial padre, ese taxista judío que siempre está ronroneando alrededor de su hija, aunque dudo que la ayudara en nada concreto. Y también me cae fatal el macarra y yonqui de su novio. Solo le presto atención a ella, tan artista y tan colgada.
Back to Black
Dirección: Sam Taylor-Johnson.
Intérpretes: Marisa Abela, Eddie Marsan, Jack O'Connell, Lesley Manville.
Los 94 años de Clint Eastwood: pocos igualan a una de las últimas leyendas vivas de Hollywood
Director, actor, productor, compositor de bandas sonoras, político… la polifacética estrella ha hecho del ‘set’ de rodaje su hogar, un lugar desde el que ha encarnado personajes inolvidables y narrado historias que, como él, serán eternas
A mediados de abril, Clint Eastwood reaparecía junto a la etóloga Jane Goodall en un acto celebrado en Carmel, el pueblo californiano donde el actor ha vivido la mayoría de su vida y del que llegó a ser alcalde en los años ochenta. El aspecto del intérprete nonagenario, con frondosa barba blanca y caminando con algo de dificultad, fue tema de conversación en redes sociales para muchos usuarios que, estupefactos, comprendían que Clint Eastwood es de carne y hueso y que, a pesar de llevar toda una vida dedicada al cine, él también envejece.
El legendario cineasta cumple este 31 de mayo los 94 años, pero a pesar de que ya no se deja ver a menudo en eventos públicos continúa trabajando delante y detrás de las cámaras. Acaba de terminar de rodar la que se rumorea que podría ser su última película, Juror No. 2, todavía sin fecha de estreno. Actor, director, productor, compositor de bandas sonoras... después de 70 años dedicados a la profesión, con dos premios Oscar a la mejor dirección y más de 80 títulos a sus espaldas, pocos pueden igualar la trayectoria de quien es considerado una de las últimas leyendas vivas de Hollywood. Venerado por público y crítica, abandera una compleja dualidad entre el arquetipo de tipo duro, serio y lacónico encarnado en muchas de las películas que ha protagonizado y su faceta como director al frente de historias más intimistas, con personajes femeninos potentes y pertenecientes a minorías.
Curtido en televisión e icono del ‘spaghetti western’
Clint Eastwood nació en otro mundo. Un lugar donde no había televisión y en el que convertirse en estrella de cine ni siquiera era un sueño recurrente porque la industria del entretenimiento apenas había echado a andar. Su madre, Ruth Eastwood, se quedó embarazada en pleno crac del 29 y el 31 de mayo de 1930 nació en San Francisco un bebé de más de cinco kilos de peso llamado Clint Eastwood, igual que su padre. Cuatro años más tarde llegó su única hermana, Jeanne. El mundo todavía estaba recobrando el sentido después del impacto de la debacle económica acaecida unos meses antes y durante su primera infancia, Eastwood pasó mucho tiempo viajando junto a su familia, cambiando de ubicación a medida que su padre iba logrando nuevos empleos.
Esa vida en la carretera quedaría reflejada en muchas de sus películas. Muy alto para su edad, el actor se ha definido como un niño tímido que se sintió fascinado cuando la música entró en su vida. En especial, el jazz. Cuando fue entrevistado en el programa Inside the Actors Studio, explicó que aprendió a tocar el piano “de oído”, una habilidad con la que pudo ganarse la vida de adolescente tocando en bares de la zona de Oakland, donde la familia se había asentado. La escuela nunca le interesó demasiado y tras los años de instituto decidió probar suerte en Los Ángeles. Sus 1,93 metros de altura y su belleza severa de rasgos duros funcionaron como carta de presentación. Consiguió su primer papel en 1954, hace ahora 70 años. Sin embargo, después de una temporada trabajando para Universal con pequeños papeles el estudio prescindió de él.
Ahí podría haber terminado el periplo de Eastwood en el cine, no hubiéramos sentido la rabia de Sin Perdón ni llorado con Los puentes de Madison o compadecido a la Maggie Fitzgerald de Million Dollar Baby. Por suerte, recibió una oferta para una serie de televisión en una época en que la vida familiar de la clase media estadounidense giraba en torno a este aparato. Desde 1958 hasta 1965 se curtió en la ficción semanal Cuero crudo. Aquel trabajo no presentaba un desafío demasiado grande para Eastwood, pero le brindó una nueva oportunidad en el cine. Y esta vez, no la desaprovechó. El director italiano Sergio Leone contó con él para protagonizar Por un puñado de dólares (1964), un spaghetti western rodado en España y donde Eastwood construyó su imagen de hombre meditabundo, serio y solitario. La película fue un éxito mundial y aquel hombre sin nombre ataviado con un poncho, un sombrero y un eterno cigarrillo volvió en otras dos películas más: La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), englobadas dentro de la conocida Trilogía del dólar. Una anécdota ilustra la posición de Eastwood en aquel momento: fue el propio intérprete quien llevó el vestuario para el filme (cigarrillos incluidos). Cuando terminó la etapa de Sergio Leone, Eastwood ya era uno de los actores del momento, pero todavía faltaba un pequeño salto más para ser una rutilante estrella.
De policía embrutecido a director consagrado
Desde el comienzo de su carrera como actor, Eastwood se había sentido atraído por la dirección. En el set de rodaje, seguía con atención los movimientos de los cineastas para, algún día, dar el salto detrás de la cámara. El paso previo fue crear su propia productora, The Malpaso Company, con el objetivo de seleccionar las historias que bajo su punto de vista merecía la pena contar. En 1971 debutó como director con el thriller Escalofrío en la noche, un primer trabajo que dividió a la crítica. Mientras, proseguía con su carrera como actor ganando popularidad año tras año.
En esta época trabajó con el director Don Siegel enHarry el sucio, la primera de cinco películas protagonizadas por el detective Harry Callahan, un policía violento convencido de que el fin justifica los medios. Aquel filme se estrenó en 1971 (la última película de la saga llegó en 1988) en un convulso contexto político con Richard Nixon como presidente de un país polarizado. La película no estuvo exenta de crítica y llegó a ser tachada de “fascista”. Politizada o no, desde el punto de vista comercial fue un gran éxito, tanto es así que el revolver que porta el conflictivo detective, un Smith&Wesson modelo 29,multiplicó sus ventas en aquellos años. La saga deHarry el suciole permitió sacudirse el polvo del lejano oeste y postularse como nuevo favorito para las películas de acción. Además, le vinculó en el imaginario colectivo a esa imagen de hombre ajeno a sentimentalismos, garante del orden y defensor de la autoridad por encima de todo.
Republicano orgulloso y convencido, el actor nunca ha tenido pelos en la lengua y ha expresado sus opiniones políticas cuando y donde ha querido. También en la gala de los premios Oscar. En la edición de 1973, salió al escenario después de que la activista india Sacheen Littlefeatherrechazara, en nombre de Marlon Brando, el Oscar a mejor actor protagonista por El padrino. Aquel gesto con el que denunciaba el trato discriminatorio de Hollywood hacia los nativos americanos fue ridiculizado por Eastwood: “No sé si debería presentar este premio en nombre de todos los vaqueros a los que se filmó en todos los westerns de John Ford a lo largo de los años”, dijo en tono de sorna nada más salir a la palestra.
Consagrado como uno de los grandes directores de su tiempo, nunca ha querido saber nada de la industria más allá de protagonizar y hacer películas. Desde la posición privilegiada que ostenta, hace décadas optó por vivir una vida lo más tranquila posible en Carmel, un pequeño pueblo situado en el condado californiano de Monterrey. Celoso de su vida privada, encontró en su mansión con vistas al mar, rodeada de animales y naturaleza, el reducto familiar idóneo para vivir con parte de sus ocho hijos (la palabra tumultuosa se queda corta para describir la vida privada del intérprete, alimentada más de rumores que de hechos confirmados). El idílico pueblo ha tenido y tiene gran importancia en la vida del actor, quien llegó a ejercer de alcalde entre 1986 y 1988. “No soy una persona muy sociable”, confesó a la BBC en un reportaje de hace años grabado allí. “Veo las películas en un cine de aquí cerca, las veo con gente que no forma parte de la industria y así puedo ver cómo reaccionan, de eso modo entiendo mejor la realidad que me rodea”, contó frente a la cámara.
El éxito más allá de los 60 años
A lo largo de los años, ha compaginado la faceta actoral con la dirección, a veces con trabajos que coinciden en el tiempo. El respaldo definitivo a su labor de dirección llegó en forma de Oscar en 1993. La película Sin perdón, un western sesudocoprotagonizado junto a Morgan Freeman,cosechó nueve nominaciones y se llevó cuatro grandes premios, entre ellos mejor dirección y mejor película. A sus 63 años, tenía por delante algunas de las mejores películas de su filmografía. Él aún inspiraba con su interpretación a actores de acción como Arnold Schwarzenegger, fan declarado de Clint, pero era su forma de contar historias lo que atraía a las grandes estrellas, deseosas de ponerse bajo sus órdenes. “Nunca dice acción ni corten, es él mismo en el set de rodaje. Maravilloso”, le describió Morgan Freeman.
El mismo actor que personificó la violencia policial en Harry el sucio hizo encogerse de emoción hasta al espectador más cínico en Los puentes de Madison (1995), junto a Meryl Streep. La actriz rememoró el rodaje de la que es una de las películas románticas más icónicas en su paso por el Festival de Cannes de este año: “Clint Eastwood hizo esta película en cinco semanas. Trabajó muy rápido. Se levantaba a las cinco de la mañana para llegar a las clases de golf de por la tarde. Básicamente, lo que se ve en la película son los ensayos. Así es como trabaja (…)”.
Además de ser rápido y eficiente en la dirección, el cineasta acostumbra a rodearse siempre del mismo equipo, quizá la familia más estable que ha creado. En 2003, su trabajo se reconoció de nuevo con la aclamada Mystic River, que alcanzó seis nominaciones y dos Oscar. Cuando muchos compañeros de profesión de su generación empezaban a dar un paso atrás o aceptar papeles de poca trascendencia pero gran nómina, él seguía encadenando éxito tras éxito. Al año siguiente de Mystic River llegó el fenómeno Million Dollar Baby, favorita en la temporada de premios. Eastwood produjo, protagonizó y dirigió la cinta, pero, además, compuso su banda sonora, nominada en los premios Grammy. La cinta, siete veces nominada al Oscar, supuso al de Carmel su segunda estatuilla como mejor director.
En sus trabajos sucesivos abordó todo tipo de temáticas, desde el tema bélico de Cartas desde Iwo Jima (2006) o El francotirador (2014) hasta la discriminación racial de minorías reflejada en Gran Torino (2008). El discurso antirracista de aquel filme contrasta con algunas opiniones públicas vertidas por Eastwood. En una entrevista concedida a la revista Esquire en 2016 expresó que hoy en día se ve a “gente acusar a otras personas de racistas y cosas del estilo”. “Cuando yo crecí, esas cosas no se consideraban racistas”, argumentó. En esa misma entrevista se pronunció acerca de Donald Trump restando importancia a los continuos comentarios racistas que el empresario había vertido durante la campaña electoral de ese año: “Ha dicho muchas tonterías. Y todos ellos también. Ambos lados, la prensa y todos no paran de decir ‘oh vaya, eso es racista’ montando un gran escándalo. Simplemente supéralo, es un momento triste en la historia”. Parece que la gestión de Trump no le convenció porque cuatro años después mostró su apoyo al candidato demócrata Michael Bloomberg.
Más de 70 años después de adentrarse en el mundo del cine, la maquinaría Eastwood sigue a pleno rendimiento. En su último trabajo, el thriller Juror No. 2, ha contado con Nicholas Hoult y Toni Collette para los papeles principales de esta historia ambientada en un juicio de asesinato cuyo rodaje finalizó el pasado abril. Lo que no parece probable es que el cineasta se deje ver en público. Sus apariciones en los últimos años han sido casi inexistentes, pero lo cierto es que nunca se ha prodigado en la alfombra roja más de lo necesario. Su sitio está en el set de rodaje, su hábitat particular, el lugar donde ha encarnado a personajes capaces de trascender el paso del tiempo y donde ha dirigido películas que, como el propio Eastwood, serán eternas.
Los Eastwood, una familia numerosa y atípica
Si la carrera profesional de Clint Eastwood es una de las más prolíficas de Hollywood, su vida personal no es precisamente escueta. Celoso de su privacidad, no ha podido esquivar la fama de mujeriego que le persiguió desde el inicio de su carrera. El intérprete solo ha estado casado en dos ocasiones (de 1954 a 1984 con Maggie Johnson y desde 1996 hasta 2014 con la presentadora Dina Ruiz), pero su lista de parejas es mucho más larga, con infidelidades constantes. Su gran amor fue la actriz Sondra Locke, con quien salió durante más de una década, iniciando su noviazgo cuando todavía estaba casado con Johnson. Locke relató años más tarde cómo su relación y ruptura con Eastwood había perjudicado a su carrera. Sobre esta etapa con Eastwood, aseguró que en los últimos años de la relación el actor había llevado una vida paralela con Jacelyn Reeves, con quien había tenido dos hijos. Hacia 1990, el que fuera el hombre sin nombre hizo oficial su relación con la actriz Frances Fisher, junto a quien trabajó en películas como Sin perdón. Con ella tuvo a su hija Francesca. En total, ocho hijos reconocidos de seis mujeres diferentes.
Los nepo babies de la estirpe Eastwood mantienen la conexión del apellido con Hollywood. De sus ocho hijos, casi todos se dedican al mundo del espectáculo, aunque mantienen un perfil bajo. La excepción es el actor Scott Eastwood, de 38 años, fruto de la relación de su padre con Jacelyn Reeves. Durante un tiempo, el joven utilizó el apellido de su madre, aunque sus primeros papeles fueron en películas como Gran Torino o Invictus, ambas dirigidas por su padre. En los últimos años ha protagonizado sobre todo títulos de acción, entre ellos dos películas de la saga Fast & Furious. En el horizonte le esperan estrenos junto a Robert De Niro y Jamie Foxx (el filme Tin Soldier) o Sylvester Stallone (la película de espías Alarum, en fase de posproducción).
Del resto de hijos reconocidos, la mayor es Laurie Murray, nacida en 1954 tras una relación esporádica que tuvo lugar durante la época en la que el actor estuvo comprometido con Maggie Johnson. Al enterarse que estaba embarazada, la mujer dio a la niña en adopción, algo que Eastwood no llegó nunca a saber. El cineasta se reencontró con ella 30 años después, cuando su hija le buscó al sentir interés por saber quién era su padre biológico. A ella le sigue la productora de cine Kimber Lynn (59 años, fruto de una relación extramarital durante su matrimonio con Maggie Johnson), Kyle Eastwood (55), compositor y músico de jazz, y Alison (51), directora y actriz, ambos hijos de Maggie Johnson. De su relación con la actriz Frances Fisher nació Francesca (31), dedicada a la interpretación sin grandes papeles a sus espaldas. Y del matrimonio con Dina Ruiz, Morgan Eastwood (27), su hija menor.
Eric Patrick Clapton (Ripley, Surrey, Inglaterra, 30 de marzo de 1945) es un guitarrista, cantante y compositor de rock y blues británico, conocido por su magistral habilidad con la guitarra eléctrica, en concreto con su Stratocaster.
Apodado Slowhand («mano lenta»), desde su época en The Yardbirds, y God («Dios») en su época con Cream, es miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll por partida triple: como miembro de The Yardbirds y de Cream y por su carrera como solista. En opinión de muchos críticos, ha sido uno de los artistas de la cultura de masas más respetados e influyentes de la historia.
Aparece en el puesto número 2 de la lista de «Los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos» de la revista Rolling Stone y en el puesto número 55 de su especial «Inmortales: los 100 artistas más grandes de todos los tiempos».
Además, en 2005 la revista Guitar World incluyó cinco de sus canciones entre los mejores solos de guitarra de todos los tiempos.
Su estilo musical ha sufrido cambios diversos a lo largo de su carrera, pero sus raíces siempre han estado profundamente ligadas con el blues. Es reconocido como un innovador en varias etapas de su carrera.
Clapton nació en Ripley, Surrey, Inglaterra, como hijo de la pareja formada por Patricia Molly Clapton (7 de enero de 1929-marzo de 1999), de 16 años, y Edward Walter Fryer (21 de marzo de 1920-1985), un piloto militar de Montreal, Quebec, Canadá, de 25 años. Su padre se encontraba destinado en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y antes de que Eric naciera, regresó a Canadá junto a su esposa. El niño creció con su abuela, Rose, y su segundo marido Jack creyendo que eran sus padres, y que su madre era su hermana mayor. El apellido de sus abuelos era Clapp, mientras que Clapton es el apellido del primer esposo de su abuela Rose y abuelo materno de Eric (Reginald Cecil Clapton). Años después, su madre se casó con otro soldado canadiense (Frank MacDonald) y se mudó a Canadá, dejando a Eric a cargo de sus abuelos. Cuando Clapton contaba con nueve años de edad, averiguó la verdad cuando su madre y su hermano Brian regresaron a Inglaterra de visita. Esto supuso un punto de inflexión en su vida, haciéndole distanciarse de su familia y no aplicarse en el colegio. Su hermano, Brian, murió en un accidente de moto en 1974 a los 26 años. Clapton tiene otras dos hermanas del segundo matrimonio de su madre: Cheryl (nacida en mayo de 1953) y Heather (nacida en septiembre de 1958).
Juventud
Clapton creció siendo un niño muy solicitado por las niñas, iba de flor en flor, y en sus propias palabras, "un niño popular y malvado". Aun así Clapton es conocido por su sentido del humor. Eric se crio en un entorno musical, donde su abuela tocaba el piano y, tanto su tío como su madre, disfrutaban escuchando las Big Bands de la época. Su madre le contó en una ocasión al biógrafo oficial de Eric, Ray Coleman, que su padre era un músico de mucho talento, y que tocó en varias bandas de la zona de Surrey. Eric obtuvo su primera guitarra como un regalo con motivo de cumplir 13 años de edad. Era una guitarra acústica de la marca alemana Hoyer, que le resultó de difícil ejecución. Aún a pesar de su frustración inicial, dedicó muchas horas a aprender los acordes y a emular la música de los artistas de blues que escuchaba.
Después de abandonar el colegio en 1961, Clapton estudió en Kingston College of Art, del que fue expulsado por no progresar lo suficiente en el resto de las áreas del arte, centrándose únicamente en la música. Por esta época Clapton comenzó a frecuentar la zona de Richmond (Londres). A los 17 años se unió a su primera banda The Roosters. Permaneció en este grupo de enero a agosto de 1963. En octubre de ese mismo año tocó en siete conciertos con Casey Jones and the Engineers.
Antes de dedicarse de lleno al mundo de la música Clapton se ganaba la vida trabajando de obrero junto a su abuelo.
Vida personal
Relaciones e hijos
La pareja de Clapton desde finales de la década de 1960 hasta 1974 fue Alice Ormsby-Gore, una aristócrata británica; a menudo se informaba erróneamente que estaban comprometidos. Salió brevemente con la cantante de funk Betty Davis. Se casó con Pattie Boyd el 27 de marzo de 1979 en Tucson, Arizona, pero su matrimonio se vio empañado por sus infidelidades y violencia doméstica. En una entrevista de 1999 con The Sunday Times, Clapton admitió haberla violado y abusado de ella mientras estaban casados y él era un alcohólico "en toda regla". En 1984, mientras grababa Behind the Sun, Clapton comenzó una relación con Yvonne Kelly, la gerente de AIR Studios Montserrat. Aunque ambos estaban casados con otras parejas en ese momento, tuvieron una hija en enero de 1985. Se llamaba Ruth Kelly Clapton, pero su existencia se mantuvo oculta hasta que los medios se dieron cuenta de que era su hija en 1991.
Clapton y Boyd intentaron sin éxito tener hijos, incluso intentaron la fertilización in vitro en 1984, pero en cambio se enfrentaron a abortos espontáneos. Tuvo una aventura con la modelo italiana Lory Del Santo, quien dio a luz a su hijo, Conor, el 21 de agosto de 1986. Clapton y Boyd se divorciaron más tarde en 1989 después de que ella estuviera "completamente devastada" por su confesión de dejar embarazada a Del Santo durante esta aventura. Conor murió el 20 de marzo de 1991 a la edad de cuatro años después de caerse por la ventana abierta de un dormitorio en el piso 53 de un edificio de apartamentos de Manhattan.
En 1998, Clapton, que entonces tenía 53 años, conoció a Melia McEnery, asistente administrativa de 22 años, en Columbus, Ohio, en una fiesta que le ofrecieron después de una actuación. Salió con ella en silencio durante un año y la relación se hizo pública en 1999. Se casaron el 1 de enero de 2002 en la iglesia St Mary Magdalene en el lugar de nacimiento de Clapton, Ripley. Tienen tres hijas, Julie Rose (nacida el 13 de junio de 2001), Ella May (nacida el 14 de enero de 2003) y Sophie Belle (nacida el 1 de febrero de 2005).